El mes de junio está
dedicado, de modo especial, a la veneración del Corazón Divino. No sólo un día,
la fiesta litúrgica que de ordinario cae en junio, sino todos los días. Con
esto se vincula la devota práctica de rezar o cantar cotidianamente las
letanías al Sacratísimo Corazón de Jesús.
Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y, al mismo tiempo, reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos. Son a la vez, oración de veneración y de diálogo auténtico. Hablamos en ellas del corazón y, al mismo tiempo, dejamos a los corazones hablar con este único Corazón, que es "fuente de vida y de santidad" y "deseo de los collados eternos". Del Corazón que es "paciente y lleno de misericordia" y "generoso para todos los que le invocan".
Las letanías del Corazón de Jesús se inspiran abundantemente en las fuentes bíblicas y, al mismo tiempo, reflejan las experiencias más profundas de los corazones humanos. Son a la vez, oración de veneración y de diálogo auténtico. Hablamos en ellas del corazón y, al mismo tiempo, dejamos a los corazones hablar con este único Corazón, que es "fuente de vida y de santidad" y "deseo de los collados eternos". Del Corazón que es "paciente y lleno de misericordia" y "generoso para todos los que le invocan".
Al rezar las letanías - y en
general al venerar al Corazón Divino -conocemos el misterio de la redención en
toda su divina y, a la vez, humana profundidad. Simultáneamente, nos hacemos
sensibles a la necesidad de reparación. Cristo nos abre su Corazón para que nos
unamos con El en su reparación por la salvación del mundo.
Esta oración, rezada y
meditada, se convierte en una verdadera escuela del hombre interior: la escuela
del cristiano.
La solemnidad del
Sacratísimo Corazón de Jesús nos recuerda, sobre todo, los momentos en que este
Corazón fue "traspasado por la lanza" y, mediante esto, abierto de
manera "Visible" al hombre y al mundo. Tratemos de captar cada vez
mejor este lenguaje. ¡Aprendámoslo!