DÍA 4

DÍA 4


ORACIÓN INICIAL

Corazón de Jesús dadnos vuestra luz para que conozcamos las maravillas de vuestra Divina Realeza y sus inefables tesoros. Oh María, por tu Corazón Inmaculado intercede en favor nuestro para que hagamos bien este ejercicio piadoso a la mayor gloria del Corazón de Jesús. Amén

REFLEXIÓN PARA EL DÍA

Corazón de Jesús, de Majestad Infinita.   

16 de junio, 1985


1. Por medio del Corazón Inmaculado de María queremos dirigirnos al Corazón Divino de su Hijo, al Corazón de Jesús, de Majestad infinita.

Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María. Este Corazón es nuestra Alianza. Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana. Este Corazón es la maravillosa "condescendencia" de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano.

 En la Santísima Eucaristía descubrimos con el "sentido de la fe" el mismo Corazón, -el Corazón de Majestad infinita- que continúa latiendo con el amor humano de Cristo, Dios-Hombre.

¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X! Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión: para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres "Casa de Dios y Puerta del Cielo".

"Casa" ya que, mediante la comunión Eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.

"Puerta" porque en cada uno de estos corazones humanos, El abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.

 ¡Madre de Dios! Mientras meditamos el misterio de tu Anunciación, nos acercamos a este Corazón Divino, el Corazón de Majestad infinita, Casa de Dios y Puerta del cielo; a este Corazón que, desde el momento de la Anunciación del Ángel, comenzó a latir junto a tu Corazón virginal y materno.

RAMILLETE ESPIRITUAL  DEL BEATO P. BERNARDO F. DE HOYOS

“En la Misa es donde tengo toda mi alegría, todo mi consuelo y alivio en medio de todas las aflicciones. En ella se me dan sentimientos altísimos de la Majestad de aquel Señor, cuya presencia siento tan palpablemente que me hallo inmutado regularmente desde la Consagración. En el tiempo de consumir, son especiales los rayos de luz con que ilustra mi fe, y los ardores soberanos en que se abrasa el alma, que se entiende allá con el Corazón de su Dios”.

ORACIÓN FINAL

Oh Corazón Sacratísimo del Rey Divino, acelerad el cumplimiento perfecto de vuestra Gran Promesa al P. Bernardo F. de Hoyos. Venga ya vuestro Reinado de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz por intercesión de María Mediadora de todas las gracias, vuestra Madre y Madre nuestra Inmaculada. Amén

JACULATORIA

“Señor Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo”