ORACIÓN INICIAL
Corazón de Jesús dadnos vuestra luz para que
conozcamos las maravillas de vuestra Divina Realeza y sus inefables tesoros. Oh
María, por tu Corazón Inmaculado intercede en favor nuestro para que hagamos
bien este ejercicio piadoso a la mayor gloria del Corazón de Jesús. Amén
REFLEXIÓN PARA EL DÍA
Corazón de Jesús en quien el Padre halló sus
complacencias.
22 de junio, 1986
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus complacencias.
Rezando así, particularmente ahora, en el mes de junio, meditamos en aquella
complacencia eterna que el Padre tiene en el Hijo: Dios en Dios, Luz en Luz.
Esa complacencia significa también Amor: este Amor al que todo lo que existe le
debe su vida: sin El, sin Amor, y sin el Verbo-Hijo, "no se hizo nada de
cuanto se ha hecho" (Jn 1,3). Esta complacencia del Padre encontró su
manifestación en la obra de la creación en particular en la del hombre, cuando
Dios "vio lo que había hecho y he aquí que era bueno... era muy
bueno" (Gn 1,31). ¿No es, pues, el Corazón de Jesús ese "punto"
en el que también el hombre puede volver a encontrar plena confianza en todo lo
creado? Ve los valores, ve el orden y la belleza del mundo. Ve el sentido de la
vida.
Corazón de Jesús, en quien el Padre halló sus
complacencias. Nos dirigimos a la orilla del Jordán. Nos dirigimos al monte
Tabor. En ambos acontecimientos descritos por los evangelistas se oye la voz de
Dios invisible, y es la voz del Padre: "Este es mi Hijo amado, en quien
tengo mi complacencia. Escuchadle" (Mt 17,5). La eterna complacencia del
Padre acompaña al Hijo, cuando El se hizo hombre, cuando acogió la misión
mesiánica a desarrollar en el mundo, cuando decía que su comida era cumplir la
voluntad del Padre. Al final Cristo cumplió esta voluntad haciéndose obediente
hasta la muerte de cruz, y entonces esa eterna complacencia del Padre en el
Hijo, que pertenece al íntimo misterio del Dios-Trino, se hizo parte de la
historia del hombre. En efecto, el Hijo mismo se hizo hombre y en cuanto tal
tuvo un corazón de hombre, con el que amó y respondió al amor. Antes que nada
al amor del Padre. Y por eso en este corazón, en el Corazón de Jesús, se
concentró la complacencia del Padre. Es la complacencia salvífica. En efecto,
el Padre abraza con ella - en el corazón de su Hijo - a todos aquellos por los
que este Hijo se hizo hombre. Todos aquellos por los que tiene el corazón.
Todos aquellos por los que murió y resucitó. En el Corazón de Jesús el hombre y
el mundo vuelven a encontrar la complacencia del Padre. Este es el corazón de
nuestro Redentor. Es el corazón del Redentor del mundo. En nuestro rezo del
Ángelus Dominí unámonos a María. Unámonos a Ella, de la que el Hijo de Dios
tomó un corazón humano. Pidámosle que nos acerque a El. Pidamos a Ella, en el
corazón del Hijo, acerque al hombre y al mundo la complacencia del Padre, el
Amor del Padre, la misericordia de Dios.
RAMILLETE ESPIRITUAL DEL BEATO P. BERNARDO F. DE
HOYOS
“En la Misa de la Transfiguración del Señor se me puso
delante con una viva luz intelectual este dulce misterio entendiendo profundos
secretos de la Divinidad y Humanidad Santísima y del Corazón del Salvador; se
me explicaron aquellas palabras: ‘Este es mi Hijo amado, en el que me complazco;
escuchadle’.Fueron más perceptibles las inteligencias del peso grande de aquel
deseo infinito, con que el Eterno Padre quiere que Jesucristo sea oído, amado,
adorado, reconocido de las criaturas, y de los tesoros que en este amable
Salvador se nos encierran, y por medio de su abrasado Corazón se nos empiezan a
manifestar”.
ORACIÓN FINAL
Oh Corazón Sacratísimo del Rey Divino, acelerad el
cumplimiento perfecto de vuestra Gran Promesa al P. Bernardo F. de Hoyos. Venga
ya vuestro Reinado de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y
paz por intercesión de María Mediadora de todas las gracias, vuestra Madre y
Madre nuestra Inmaculada. Amén
JACULATORIA
“Señor Jesús manso y humilde de corazón, haz mi
corazón semejante al tuyo”